pasco no se olvida: a 51 años, la memoria popular enfrenta al terrorismo paraestatal
A más de medio siglo de uno de los episodios más brutales de la violencia política en el conurbano bonaerense, la masacre de Pasco sigue marcando la historia de Lomas de Zamora. El hecho permanece como símbolo del accionar del terrorismo paraestatal en los años previos a la última dictadura y como una herida abierta en la memoria colectiva.
La noche del 21 de marzo de 1975, un grupo armado vinculado a la Triple A irrumpió en el barrio San José de Temperley y desplegó un operativo de secuestros y asesinatos con total impunidad. Siete personas fueron capturadas y ejecutadas, mientras que Gladys Martínez fue fusilada en su propia vivienda cuando los atacantes no encontraron al hombre que buscaban.
La patota actuó con método y violencia. De a uno o de a dos, los hombres armados fueron secuestrando a sus víctimas y obligándolas a subir a autos y a un micro del que se habían apropiado, mientras el terror se expandía por el barrio. Incluso, dos de los secuestrados intentaron escapar, pero regresaron ante la amenaza de que sus hijos serían asesinados si no volvían.
Entre las víctimas se encontraban el concejal Héctor Lencina, Héctor Flores, Aníbal Benítez, Germán Gómez, los hermanos Eduardo y Alfredo Díaz, y Rubén “Cacho” Maguna, quien no tenía militancia política y fue confundido por su apodo. Luego de ser trasladados a un descampado, fueron obligados a arrodillarse y ejecutados a balazos; sus cuerpos fueron dinamitados en una escena de extrema violencia que buscó disciplinar a toda la comunidad.
A 51 años, el recuerdo de la masacre de Pasco sigue presente en los organismos de derechos humanos y en la comunidad, que sostienen el reclamo de memoria, verdad y justicia frente a cualquier intento de negacionismo. El hecho permanece como un antecedente directo del terrorismo de Estado que se consolidó tras el golpe de 1976 y como una advertencia histórica sobre los riesgos de la violencia política y la persecución ideológica.

