Antes de que el asfalto marcara sus calles y el movimiento comercial le diera identidad, San José era un paisaje de chacras, campos abiertos y horizontes interminables. A fines de la década de 1940, esas tierras comenzaron a recibir a miles de familias que llegaron con un sueño compartido: construir un hogar y empezar una nueva vida.
El crecimiento estuvo impulsado por inmigrantes, obreros y trabajadores que encontraron una oportunidad tras el loteo de las tierras del impresor Guillermo Kraft. Con esfuerzo, levantaron sus casas ladrillo a ladrillo y, al mismo tiempo, fueron dando forma a una comunidad que aprendió a organizarse para conseguir cada avance. El alumbrado público, el asfalto, el teléfono y la llegada del colectivo no fueron simples obras: fueron conquistas logradas gracias al trabajo colectivo de los vecinos.
Una de las particularidades de San José es que nació dividido entre los partidos de Lomas de Zamora y Almirante Brown. Sin embargo, esa frontera administrativa nunca quebró el sentido de pertenencia de quienes lo habitan. Por el contrario, la falta de servicios y las dificultades de los primeros años fortalecieron la solidaridad y la organización barrial, con instituciones como la Sociedad de Fomento General San Martín y la de Martín Arín como protagonistas de muchas de las mejoras que transformaron al barrio.
Hoy, San José conserva la memoria de aquellos pioneros en cada una de sus calles. En los relatos de los vecinos más antiguos, en los chicos que juegan donde alguna vez hubo chacras y en un centro comercial que creció al ritmo del barrio, todavía late el espíritu de quienes soñaron con un futuro mejor.

